Los números y una fotografía incompleta



Los niños, niñas y adolescentes han estado ausentes del discurso oficial posterior a la tragedia producida por los terremotos del 24 de junio. Ante la ausencia de información, sistematizamos los datos de 14 plataformas ciudadanas de registro de víctimas y de la página oficial Localiza Pacientes. El resultado es apenas una aproximación al impacto de la catástrofe en una población vulnerable que debe ser prioridad absoluta.
Por Albor Rodríguez
Los adolescentes han sido los más afectados por los terremotos del 24 de junio. De una muestra de 2 mil 562 registros únicos de menores de edad que pudimos consolidar, 1 mil 388 (58,18 por ciento) tienen entre 10 y 19 años de edad. Es lo que se desprende de una base de datos propia, que construimos a partir de 14 plataformas ciudadanas con registros de víctimas y la página oficial Localiza Pacientes con los datos de sobrevivientes que han pasado por un hospital.
Son 126 equipos de fútbol completos jugando al mismo tiempo.
O una caravana de 40 autobuses repletos de muchachos comenzando la vida.

El pico más alto de toda la muestra son los que tienen 15 años, que suman 231 (9 por ciento), seguidos de los de 10 años, 188 (7,34 por ciento).
Luego están los niños: 987 (38,52 por ciento), de los cuales el segmento de mayor vulnerabilidad física, correspondiente a los de 0 a 5 años, son 453. Pudieran ser más, niños o adolescentes, pero de una pequeña parte de la muestra estudiada no pudimos conocer la edad porque no aparece en los registros: solo sabemos que no son adultos por las fotografías y que suman 187 (7,3 por ciento).
Y están los no localizados: 185 adolescentes, 176 niños y 41 sin edad identificada.
Un escándalo, poco más de 36 equipos de fútbol en la cancha disputándose partidos. Aunque quizá parezcan menos de lo que se podría suponer si se piensa en los tantísimos carteles de Se busca que pueden leerse en las redes sociales, estados de WhatsApp, fachadas de edificios, espejos de ascensores. Pero eso indican los datos que pudimos sistematizar: de la muestra de 2 mil 562 niños y adolescentes, 402 corresponden a no localizados, de 17 no se pudo precisar la información, y la gran mayoría, 2 mil 143 (83,65 por ciento), los etiquetamos como localizados. Ahí reunimos las muy diversas categorías que emplean las plataformas para dar señal de vida: Hospital, Resguardo, Reunificado, Hallado, Búsqueda de reunificación, Solo / Sin familia, Albergue, Rescatado…
Ciertamente, se han visto videos de rescates, de padres removiendo escombros, de vecinos con la espalda quebrada del cansancio, lo que da la idea de que gran parte de los rescatados han sido niños y adolescentes. También hay dos elementos a tomar en cuenta: las iniciativas ciudadanas han tendido a publicar listas de quienes están localizados para que sus familiares los identifiquen (el estatus de “Hospital” es, de hecho, el más alto, seguido de “Hallado”); y, luego, puede haber un subregistro: mientras que un niño en un hospital es un dato “visible” y registrable, la información sobre desaparecidos es más fragmentada y difícil de verificar.

La organización Cecodap monitoreó el discurso gubernamental durante los primeros nueve días de la tragedia y determinó que no ha habido información oficial que permita dimensionar el daño físico, mental y material de la infancia y la adolescencia.
Cuando hablamos de una muestra de 2 mil 562 niños y adolescentes es porque no son registros: son personas. Partimos de 3 mil 765 registros capturados en 14 plataformas ciudadanas y 661 en la página oficial Localiza Pacientes, de personas con edades entre 0 y 19 años. Eso dio un total de 4 mil 426, de los cuales debimos prescindir de 1 mil 865 (42 por ciento) luego de la verificación manual y depuración de duplicados.
No pudimos discriminarlos por sexo: no todas las plataformas consultadas ofrecían este dato y no quisimos inferirlo por nombres o imágenes, agregando confusión a lo que ya es esquivo, en medio de la escasa información oficial. Igual ocurrió con el lugar de procedencia: son muchos los registros que dicen La Guaira, pero son muchos también los que omiten esta información, o lo que indican es la última ubicación conocida.
Podemos imaginarlo: las 14 plataformas ciudadanas consultadas, que fueron las que aportaron la gran mayoría de la información a nuestra base de datos, siendo llenadas por las manos temblorosas de venezolanos buscando a los suyos o de venezolanos queriendo ayudar a quienes no conocen pero encontraron en una red social o en una lista. Es lógico que dejaran datos sin completar, que escribieran nombres mal, que cargaran registros más de una vez, que en la repetición omitieran una letra o dos, que luego fueran a otra plataforma a hacer lo mismo. También sabemos que se han cargado listas enteras de las que hoy empapelan las entradas de hospitales o parques.

En la página Localiza Pacientes —una de las dos que ha creado el gobierno— nos encontramos con duplicados que cuentan historias completas: niños, por ejemplo, que aparecen hasta cinco veces, pero en hospitales diferentes. En algunos casos con diferencia de horas en la carga del registro. ¿Fueron traslados reales de un hospital a otro? Es posible, pero también hay casos en que la diferencia es de minutos. ¿El funcionario que cargó los datos no fue del todo cuidadoso? Cabe aclarar que esta es una plataforma abierta únicamente para consultas. Los ciudadanos no pueden incorporar datos.
Por todo lo anterior es que encontramos 1 mil 865 duplicados, que nos ocupamos de eliminar leyendo con cuidado cada nombre y cruzándolo con otros datos como la edad, para asegurarnos de que se trataba de una misma persona registrada tantas veces como la desesperación, el azar o la falta de cuidado propiciaron. Esta es una emergencia con enormes vacíos, verdaderos cráteres, que probablemente nunca terminen de llenarse. Uno, probablemente, sea el saber a ciencia cierta cuántas personas fallecieron: con esa categoría aparecen en nuestra base de datos únicamente 16 niños y adolescentes.
En una de sus canciones, el cantautor canadiense Leonard Cohen nos invita a aceptar las imperfecciones: “Hay una grieta en todo, así es como entra la luz”. Algo de esto hay en cada esfuerzo ciudadano que se ha hecho por saber, por documentar. Y algo también encierran los registros repetidos en las distintas plataformas: por repetirse son, en sí mismos, pruebas de la existencia de personas que los terremotos dañaron de algún modo —revisar cada nombre para identificar los duplicados sirvió como mecanismo de validación cruzada—. Y eliminarlos, hizo que, de los registros apurados, emergieran niños, niñas y adolescentes, personas de carne y hueso, que podemos cuantificar, aunque la fotografía sea todavía incompleta e imperfecta.

Atendiendo a la protección de información sensible sobre los niños, niñas y adolescentes, decidimos no publicar la base de datos que consolidamos. Para la misma, se hizo una revisión de 15 plataformas, entre el 26 de junio y el 2 de julio. La consolidación y verificación de los datos se hizo principalmente manual, con apoyos puntuales en la inteligencia artificial. En ello trabajó un equipo de 10 periodistas, encabezado por Mayreth Casanova, Adriana Núñez Moros y Juan Hernández Vargas.
Aunque la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (Lopnna) en Venezuela considera la niñez hasta los 12 años y la adolescencia entre esa edad y los 18 años, aquí empleamos la segmentación establecida por Unicef.
Este texto es parte de la serie “Los niños del terremoto”, producida por La Vida de Nos, en alianza con Monitor de Víctimas y Tal Cual.